17 de mayo de 2010
A veces las diferencias entre primer y tercer mundo quedan borradas por el hecho de que la inescrupulosidad está presente en todas las instancias nacionales de la política, sean de países desarrollados o no tanto. Pero otras veces, la condición de Tercer Mundo queda evidenciada por una ausencia total de apego a las exigencias más elementales, siendo que los gobiernos quedan apresados por los intereses multinacionales por temor a la pérdida de inversiones o por argumentos tan inválidos como ésos.
La historia contemporánea de los derrames de petróleo tiene cuatro capítulos insoslayables: Exxon Valdez en Alaska, Prestige en España, Shell en Magdalena y ahora British Petroleum en Estados Unidos, más precisamente en la cuenca del Mississippi.
Las diferencias entre los cuatro no dejan dudas: en tres casos hay un Estado que con mayor o menor eficacia, producto de más o menos presiones, está exigiendo a la empresa comprometida la remediación del daño ambiental.
En un único caso (el de Shell en Magdalena), el Estado se declaró ausente, renunció a su condición natural de querellante y permitió que el caso se dirimiera en la justicia, donde las chicanas a las que es capaz una empresa de semejante calibre, han llevado las cosas a una inacción absoluta: no ha habido ninguna política de remediación.
Se ve en estos días, que British Petroleum chilla como gato entre la leña y se defiende para evitar una sangría multimillonaria, conducta esperable en una empresa que busca lucro por encima de todo compromiso ambiental. Pero también se ve, aún con dificultades y contradicciones, un gobierno que no renuncia a su discurso de que el responsable del desastre debe remediarlo.
De hecho, BP estima en un par de miles de millones de dólares su inversión en la remediación del accidente, mientras Shell en Magdalena aún no invirtió un solo peso, ni siquiera las decenas de millones que prometió a Magdalena para que salga de su calvario posterior al derrame que le costó la vida económica al pueblo.
No obstante, como queda claro en la nota que entregamos al final de este informe, el gobierno de Obama no es ni de lejos inocente en esta historia.
Lo que sigue es una nota de The Independent, en la que se señala que las condiciones del derrame son peores aún que lo imaginado:
El derrame de petróleo en el Golfo de México puede ser bastante más grande que lo esperado, como lo advirtieron ayer los científicos y pusieron todavía más presión sobre British Petroleum (BP) para que tape el pozo del vertido lo más pronto posible.
BP estaba tratando este fin de semana de contener el derrame, insertando un tubo en la fuga para llevar el petróleo hacia un tanque en la superficie. Fue el tercer intento de la compañía para detener la hemorragia en la plataforma marítima desde que el pasado 20 de abril una explosión la destruyó y mató a 11 trabajadores. Ya había fallado cuando dispuso mecanismos para evitar que se propagara el crudo o cuando dispuso una campana de 100 toneladas para capturar el vertido y conducirlo hasta la superficie.
Después de haber intentado y fracasado el sábado, los ingenieros lograron ayer colocar el tubo en una de las cañerías rotas en el lecho marítimo a través de unos robots submarinos controlados a distancia. El tubo de cuatro pulgadas de ancho fue insertado en uno de los orificios del que sale la mayor parte del vertido. Si funciona, llevará una gran parte del petróleo hasta barcazas y buques cisternas.
Pero mientras BP lucha por cerrar el pozo, los problemas de la compañía crecen con las noticias de que el promedio de derrame, tal como lo calculó el gobierno estadounidense a partir de imágenes satelitales, puede ser de cinco mil barriles de crudo por día o, peor aún, de unos 25 a 80 mil, como lo estiman algunos investigadores norteamericanos.
El petróleo que brota desde el pozo, para el que BP había contratado a la suiza Transocean y que el 20 de abril derivó en una explosión, está causando una catástrofe ambiental y económica en el golfo. Pero puede ser peor de lo que se había anticipado hasta ahora. Si el derrame fue de unos 80 mil barriles diarios –como ahora se cree–, la cantidad de petróleo que ha brotado desde el accidente puede ser de más de dos millones en total, lo que convertiría este episodio en el cuarto peor derrame en la historia.
Si el pozo no puede ser tapado desde abajo y el vertido no puede ser detenido más que a partir de la construcción de un pozo de alivio, que llevará tres meses antes de estar terminado, la cantidad derramada podrá superar los cinco millones de barriles. En junio de 1979, tres millones y medio de barriles se derramaron en México, también en el golfo y llevó nueve meses tapar el pozo Ixtoc 1.
El peor derrame de crudo fue deliberado, cuando las válvulas de la terminal marítima de Kuwait fueron abiertas por las fuerzas iraquíes en el final de la guerra del Golfo de 1991. Se calcula que más de diez millones de barriles de petróleo se derramaron en el Golfo Pérsico.
La nueva estimación del promedio del vertido proviene de científicos de varias universidades de los Estados Unidos, que trabajan sobre el buque de investigación Pelícano. Esa es una de las primeras misiones para recoger datos acerca de qué está realmente sucediendo en el Golfo y que cuenta con el apoyo de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica, la agencia estadounidense que se ocupa del cuidado de los mares.
“Hay una abrumadora cantidad de petróleo en las profundidades, similar a la que se ve en el agua de la superficie”, explicó Mandy Joye, del Departamento de Ciencia Marítima de la Universidad de Georgia y que está coordinando la misión desde su laboratorio en Atenas, Georgia. “Hay una tremenda cantidad de combustible en múltiples capas marinas.”
“Si se mantienen esos promedios, el oxígeno podría descender a muy bajos niveles, lo que sería muy peligroso para los animales en los próximos meses. Puede llevar años, aun décadas, para que el sistema se recupere de una infusión de esta cantidad de gas y combustible. Nunca hemos visto algo así antes. Es imposible prever el impacto.” Según los cientìficos, las enormes columnas de crudo están acabando con el oxígeno a su alrededor, lo que supone una amenaza para el ecosistema.
BP, la mayor productora de petróleo y gas en los Estados Unidos y que bajo esa legislación es responsable de hacer frente al desastre y de su limpieza, está atravesando una presión cada vez mayor por el tiempo que está demorando en detener el vertido.
La administración de Barack Obama está exigiendo una “aclaración pública e inmediata” de parte de Tony Hayward, el principal ejecutivo de BP acerca de las intenciones de la compañía de pagar los costos asociados con el derrame. “El público tiene derecho a conocer el compromiso de BP de recompensar por el daño ocasionado y por el que ocurrirá en un futuro como consecuencia”, afirmó en el fin de semana Ken Salazar, secretario de Interior estadounidense.
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