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Deterioro ambiental en las costas de Magdalena, por Isidoro B.A. Schalamuk (*)

 

                   

               El despertar universal de la conciencia sobre el medio ambiente surgió al comienzo de la década del setenta del siglo pasado. Fue entonces cuando se empezó a percibir con nitidez en los países más avanzados que el bienestar económico, fruto del desarrollo, iba acompañado de  secuelas no deseadas sobre la naturaleza y que empezaban a ser difícilmente aceptables para las poblaciones.

 

               En términos generales es necesario reconocer  que, a pesar  de que ya se cumplen casi cuarenta años   desde la Conferencia mundial sobre el Medio Ambiente Humano, realizada en Estocolmo (que marco un hito en el reconocimiento político de la problemática ambiental), y si bien  se están tomando medidas en muchos países, la situación planetaria no mejoró.           

 

A pesar de las enormes distancias que nos separan geográficamente y, a pesar de nuestras diferencias de cultura, idioma, actividades, ideas políticas y religión, hoy nos une a todos un peligro colectivo sin precedentes en la historia. Este peligro cuya naturaleza y magnitud son tales que no se puede comparar con ninguno de los que el hombre ha tenido que afrontar hasta el presente, nace de la convergencia de varios factores. Cada uno de ellos, considerado separadamente, plantea por si problemas insolubles, pero además, en conjunto, representa no solo la probabilidad de un enorme aumento de los sufrimientos humanos en un futuro próximo, sino incluso la posibilidad de que la vida quede casi o totalmente extinguida en el planeta

 

            Con estas dramáticas palabras comienza el mensaje de Mentón, documento firmado por 2.200 hombres de ciencia correspondientes a 23 países, entre los que se cuentan a varios premios Nobel. Dirigido a toda la humanidad y entregado el 11 de mayo de 1971 al entonces Secretario General de las Naciones Unidas, U. Thant.

  

              Han pasado ya casi cuatro décadas y la situación, no ofrece grandes avances. Más bien, en algunas regiones se registran fuertes  deterioros ambientales.

 

             Muchos políticos y gobernantes   se suelen  sumar a la tradicional forma en que las grandes corporaciones piensan y plantean sus acciones, luego de generar grandes daños a los ecosistemas, mediante  negociaciones no siempre transparentes, tratando de involucrar a las poblaciones con   ofrecimientos de   pagos simbólicos a las instituciones, sin aceptar su directa   responsabilidad de los impactos ambientales y sociales que  generaron y sin reconocer  la existencia de los enormes daños causados a la sociedad.

 

       Los daños generados por la empresa Shell, con el derrame de hidrocarburos en las importantes reservas de agua dulce del estuario del Río de La Plata, impactaron intensamente en las zonas costeras, aledañas a la localidad de Magdalena, contaminando con petróleo a lo largo de 30 kilómetros en la franja costera bonaerense. El crudo derramado ha producido daños graves al ecosistema costero, afectando a la fauna y a la flora de la región, con incidencia en la salud de la población. La magnitud del derrame en esta zona ribereña no tiene precedentes en el país.

 

       Los monitoreos realizados años después al derrame, los estudios  y los muestreos  y análisis de las aguas y sedimentos, demostraron la persistencia de hidrocarburos, en los humedales, pajonales y playas de Magdalena. En definitiva, la fuerte contaminación afectó tanto a los componentes bióticos y abióticos del ecosistema costero. En los sedimentos con mayor acumulación de petróleo se determinaron altos valores en metales pesados, como mercurio, cinc, plomo y otros elementos de alta toxicidad que alteran la cadena trófica y directamente a las personas que toman contactos con dichos elementos.

 

        El derrame ha dado lugar, además de un daño ecológico de gran magnitud, a un drama de orden socioeconómico en un sector importante de la población de Magdalena. Se trata de un problema difícil de revertir, especialmente en aquellos sectores de la población que directa o indirectamente dependen del miniturismo, del comercio en general, de la industria de la construcción, del aprovechamiento de los juncales, de la

pesca o de la caza. Sin entrar a considerar los efectos de los hidrocarburos sobre la salud de la población, que con  distinta gravedad inciden en forma mediata o inmediata.

 

   El Dr. Marcel Achkar (Informe  Ala Plástica-15/01/09-15/o1/09- www.alaplastica.org.ar), a partir de trabajos de campo, con utilización de sensores remotos y SIG, en un detallado trabajo de seguimiento durante diez años  del derrame de petróleo en la vegetación de la faja costera de Magdalena, determina  que el derrame y los procesos de mitigación produjeron una abrupta interrupción en la sucesión ecológica en las zonas afectadas. Concluye “que la alteración del sistema debido a la magnitud del impacto no ha podido ser revertida en un periodo de 10 años”. Este informe reciente corrobora y consigna los efectos que se mantienen a partir del desastre ambiental producido en el año 1999 en las costas de Magdalena.

 

     Sin duda el pacto que se quiere  acordar, entre Shell y las autoridades municipales, con la promesa de un monto reducido en dólares,  destinado a la Municipalidad de Magdalena, monto que  ingresaría a su  menguado presupuesto,  es un anzuelo  muy bien pensado por los directivos de la empresa responsable del  mayor deterioro ambiental producido en Argentina. Es de esperar que el ejecutivo o el gobierno municipal no cometa un  grave error aceptando un  papel en la depredación ambiental, llevados por una distorsionada concepción para obtener  un misero “beneficio económico”.

 

    Si al final de un conjunto de acciones por daños al medio ambiente no existe la certeza de la sanción de los delitos  cometidos, todos los esfuerzos de la sociedad culminan en frustración, y se pierde el vínculo de confianza entre la acción comunitaria y los organismos públicos.

 

   No debe olvidarse que el entorno ambiental y sus componentes (la diversidad biológica, los ecosistemas naturales, al agua de los ríos y océanos, el aire atmosférico, etc.) son un bien común y no constituyen el  patrimonio de circunstanciales dirigentes.

 La Plara

 

                                                  Dr. Isidoro B. A. Schalamuk

 

 

(*) Dr. En Ciencias Geológicas

Profesor  Extraordinario, Emérito, de la Universidad Nacional de La Plata.

Investigador Superior del CONICET

Ex Decano de la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la UNLP (1986-92)

Premio  en Geología de la Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas  y Naturales (1997). (Máximo Premio que otorga la Academia, por disciplina, cada siete años)

Premio Bernardo Houssay, de la Secretaria de Ciencias y Tecnología, como Investigador Consolidado de Ciencias de la Tierra, del Agua y de la Atmósfera. Presidencia de la Nación (2003). (Máximo premio que otorga el organismo y que lleva el nombre del primer Premio Nobel en ciencias en Argentina.

 

 

 

  

 

    

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