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Vecinos de Magdalena exigen que Shell les provea agua potable

Presentaron una demanda para que entreguen 100 litros diarios a cada uno

MAGDALENA.- Vecinos de esta ciudad ribereña, que impulsan una millonaria demanda contra la empresa Shell por el derrame de 5500 metros cúbicos de petróleo frente a sus costas en enero de 1999, exigen ahora que la compañía les provea agua potable.

El pedido presentado ante el Juzgado Civil y Comercial Federal Nº 3 de la Capital -donde se tramitan ya 69 causas-, en nombre de 522 lugareños, plantea la provisión diaria por parte de la firma de origen holandés de 100 litros de agua potable por cada uno de los demandantes para consumo personal y de animales, para aseo, cocción de alimentos y riego.

Requieren también la realización de peritajes en las perforaciones de extracción de la red durante un tiempo prolongado para que la Justicia determine si existe contaminación con hidrocarburos en el acuífero Puelche, de donde se obtiene el agua de la red que abastece al casco urbano, situado a 106 kilómetros de la Capital.

También se solicita que se realicen estudios psicológicos a pobladores para demostrar el impacto en el carácter y la personalidad de los afectados por el derrame de petróleo ocurrido el 15 de enero de 1999 cuando chocaron los buques Estrella Pampeana, de la empresa Shell, y el carguero de bandera alemana Sea Paraná, de la firma Primus, en el kilómetro 93 de acceso al Puerto La Plata. El petróleo derramado formó una inmensa mancha negra de diez kilómetros de largo por 50 metros de ancho.

La presentación incluye estudios realizados por al Universidad Nacional de La Plata que, según explicó Cecilia Cobeñas, una de los 40 abogados que patrocinan a los afectados por el desastre ambiental, concluyen que existe en los pozos de agua una “contaminación que supera varias veces el límite de lo tolerable por el ser humano”.

Los letrados precisaron que la muestra que halló el nivel más bajo de contaminación resulta “cuatro veces superior a lo permitido por la normativa Argentina; 16 veces más que lo previsto por la Comunidad Económica Europea; 80 respecto de la española, y 800 en relación con la francesa.

En diálogo con LA NACION, el director de asuntos legales de Shell, Jorge Jurado, dijo no conocer la presentación hecha por los vecinos de Magdalena. “De todas formas, los estudios que nosotros conocemos no indican contaminación en napas. El hidrocarburo estuvo unos pocos días en la superficie, una parte se evaporó y el resto fue recolectado totalmente”, señaló Jurado. Y acotó: “Me llama la atención que esto aparezca a siete años del incidente”.

En 2002, la Justicia obligó a Shell a invertir 35 millones de dólares en reparar la costa, pero la medida fue apelada, por lo que ello no ocurrió.

En Magdalena viven 15.000 habitantes. El intendente, Fernando Carballo (PJ), consideró: “No hay información oficial sobre contaminación en la red de agua, puede haber en algunos pozos porque, no es novedad, el río está contaminado”, dijo y aclaró que ayer se reunió con representantes de Shell con los que acordó hacer estudios sobre el agua en forma conjunta y con la intervención de organismos estatales.

Por su parte, voceros de Aguas de Buenos Aires SA (ABSA), la firma del Estado provincial que presta el servicio de agua potable en Magdalena, informaron que “no se ha detectado presencia de hidrocarburos totales en el agua de red ni en las perforaciones de ABSA”. En un comunicado se explicó que regularmente se realizan controles de calidad del agua y se aseguró que “queda garantizada la potabilidad y excelencia del agua para consumo”.

“Nos mintieron. Dijeron que la contaminación pasaba con el tiempo y les creímos. Ahora nos sentimos engañados, molestos. Shell tiene que hacerse cargo, no puede seguir mirando para otro lado”, afirmó José Luis Bincaz, uno de los vecinos que impulsan la demanda. Tiene 62 años y es propietario del restaurante La Esquina, donde -desde que se produjo el desastre ambiental- cada vez hay menos parroquianos.

Según los vecinos, los visitantes que concurrían a Magdalena durante los fines de semanas cayeron de 4000 a 400, tras el derrame y adjudican el cierre de comercios -especialmente los que están frente al río- los cuadros depresivos, la emigración y la aparición de enfermedades a las consecuencias que dejó aquel derrame de petróleo.

El guardavidas José Mingari, de 41 años, estaba trabajando el día del accidente y colaboró para recoger el crudo. Al poco tiempo quedó sordo de un oído. Ayer recordó: “Los que vinieron no conocían el río y tuvimos que ayudarlos. Entraban sin protección alguna y eso trajo consecuencias”.

Juan Pedro Tidoni, de 61 años, era junquero y pescador, junto con sus diez hijos y esposa; hoy vive de changas. “El veneno está ahí abajo; puede verse entre la arena en las bajantes pronunciadas y, cuando uno se moja los pies, siente una grasitud que al secarse pica en la piel”, explicó.

Por Pablo Morosi
Corresponsal en La Plata

05/05/06
LA NACION

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