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Inflamable. Estudio del sufrimiento Ambiental

¨Inflamable. Estudio del sufrimiento Ambiental ¨

de Javier Auyero y Débora A. Swistun, Editorial Paidós,

Buenos Aires, 2008.

Esta obra muestra que Shell tiene un patrón de conducta de ocultar o relativizar el impacto ecoambiental de su accionar corporativo, y de camuflar el alcance de sus programas de responsabilidad empresarial.

Los autores dicen:

“Los informes anuales de Shell (publicados en coloridos catálogos y también accesibles en la página Web de la empresa) proyectan una autoimagen positiva. Un conjunto de frases son invocadas en reiteradas ocasiones en las tres ediciones que consultamos (2001; 2002-2003; 2003-2004): desarrollo sustentable, responsabilidad social empresaria y protección del medio ambiente y de las generaciones.”

“En una sección titulada ¨Cómo queremos que nos perciban¨, bajo el título ¨La imagen de Shell¨, se lee que “Shell Capsa aspira a ser líder en los aspectos económicos, ambientales y sociales” (2001, pág. 49).

En la sección titulada ¨Nuestro compromiso con la salud, la seguridad y el medio ambiente, se puede leer. “En la compañía todos estamos comprometidos a: perseguir el objetivo de no causar daño a la gente; proteger el medio ambiente (…) ; alcanzar un desempeño que nos enorgullezca en Salud, Seguridad y Medio Ambiente; ganar la confianza de clientes, accionistas y de la sociedad en general; ser buen vecino y contribuir así al desarrollo sustentable’’ (2001, pág 50).

Dos temas en estos informes llamaron nuestra atención: la manera en que Shell lidia con el (potencialmente perjudicial) estudio de JICA y la forma en que la compañía enmarca su política respecto de la comunidad lindera –esto es, Villa Inflamable-.¨

¨ Con respecto al estudio de JICA, los informes son consistentes. En el año 2001, mientras se realizan los estudios de calidad de aire, se detallan las diferentes emisiones gaseosas producidas por la refinería (dióxido de carbono, dióxido de azufre y óxidos de nitrógeno) y se describe cuidadosamente su reducción progresiva (en cada edición se documenta esta disminución anual). En una sección titulada ‘Calidad del aire’, la edición 2001 se refiere al monitoreo de contaminantes que estaba siendo realizado por la municipalidad local, la Secretaría de Política Ambiental de la Provincia de Buenos Aires, la Secretaría de Medioambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación y el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires con fondos provistos por una agencia de cooperación japonesa (JICA)¨.

¨ Luego de informar que Shell ha prestado su propia estación móvil de monitoreo para colaborar con el estudio, el informe anual señala que, en términos de contaminantes básicos incluidos en el monitoreo, ‘los valores medidos se encuadran dentro de la norma establecida de calidad de aire ambiente” (2001, pág 27). “(pág 101-102)

“De regreso en los Estados Unidos, uno de nosotros comenzó a interiorizarse en el conocimiento que existe sobre la relación entre refinerías de petróleo y la presencia de plomo en sus alrededores.

“Wilma Subra, quien trabajó en varios comités asesores en La Environmental Protection Agency (EPA) de los Estados Unidos, gentilmente compartió su saber científico con nosotros:

Las refinerías que produjeron en algún momento naftas con plomo (como lo hizo Shell hasta 1995) han contaminado los suelos de las zonas adyacentes con plomo. Una gran cantidad de plomo acumulado en los suelos proviene de emisiones pasadas. Este plomo ha sido relacionado con niveles elevados de plomo en niños y niñas y con altos niveles de plomo en la leche materna. Hasta que los suelos y desechos contaminados sean saneados, el plomo continuará teniendo un impacto en la comunidad.

“También aprendimos que, como parte de sus operaciones de rutina, las refinerías emiten cantidades masivas de dióxidos, compuestos volátiles orgánicos, material particulado, óxidos de nitrógeno y monóxido de carbono. Estos contaminantes forman ozono a nivel del suelo y partículas muy finas suspendida en el aire.” (pág 104-105)

“En primer lugar: ¿Qué sabemos sobre el plomo? La investigación sobre los orígenes y efectos del plomo es vasta (Berney, 2000; Warren, 2000; Markowitz y Rosner, 2002; Widener, 2002). El plomo en el medio ambiente es producto de su uso en la industria y se acumula en el cuerpo humano (en la sangre, en los tejidos y en los huesos) en proporción a la cantidad que se encuentra en el medio ambiente. Es absorbida por el cuerpo desde el ambiente y esta absorción (medida en la materia fecal, en la orina, en la sangre y en los tejidos) es un indicador de exposición y envenenamiento (Berney, 2000, pág. 238).

De acuerdo a la EPA de los Estados Unidos, el plomo ‘puede causar una gama de efectos en la salud, desde problemas en la conducta hasta problemas de aprendizaje, convulsiones y muerte’. Es un veneno que afecta el cerebro, los riñones y el sistema nervioso de formas muy sutiles y con dosis bajas (sobre el cambio histórico en los niveles que son considerados “normales”, véase Berney, 2002; Widener, 2000). Una alta exposición al plomo puede causar retardos severos, dosis menores producen problemas en la escuela, pequeños pero significativos cambios en el coeficiente intelectual y otros efectos en el sistema nervioso central (Berney, 2000)” (pág 107)

“El plomo, de acuerdo a los representantes de la industria, no causaba que los niños y las niñas fueran anormales, los niños y las niñas con pica, enfermedad que generaba el hábito de masticar sustancias no ingeribles (como el plomo), eran anormales con anterioridad.

En el caso de los trabajadores, la industria del plomo culpaba a sus prácticas de higiene personal. Como afirman Markowitz y Rosner: ‘La industria siempre ha culpado a los hábitos personales de los trabajadores como, por ejemplo, morderse las uñas, falta de disposición para bañarse, desarreglo en general y, en particular, una resistencia a lavarse las manos y una afinidad a utilizar ropa sucia como la “verdadera” fuente del envenenamiento por plomo’ (íd.: pág. 139) Esta estrategia de ‘culpar a la víctima’ duró largo tiempo.

En los años cincuenta, Lead Industries of America aún reaccionaba como lo señalaban Markowitz y Rosner: frente a reportes que informaban sobre las enfermedades en niños mediante una culpabilización de las víctimas y sus familias.

En 1956, (Manfred) Bowditch (director de salud y seguridad de Lead Industries of America), en una comunicación privada con Félix Wormser (el antecesor de Bowditch) luego de que un artículo (sobre chicos enfermos con plombemia) fuera publicado en la revista Parade, notaba que ‘aparte de los chicos envenenados (…) esto es un problema serio desde el punto de vista de la publicidad negativa’.

El problema básico eran los “slums” y para lidiar con ese tema era necesario ‘educar a los padres. Pero la mayoría de los casos están en familias negras, y puertorriqueñas’, y ‘¿Cómo’, se preguntan Bowditch ‘es que uno encara el trabajo?’ (…) ‘El problema del envenenamiento con plomo en los niños estará entre nosotros siempre que existan los slums’ (íd.: pág 103, el énfasis es nuestro).

Con cincuenta años de diferencia entre sí, los expertos de la industria de plomo y sus representantes en los Estados Unidos y el personal de Shell parecen compartir el mismo punto de vista en lo que hace a la contaminación por plomo en los niños: era, y es, un problema de los enclaves de pobreza urbana (llámeselos slums o villas) y es el resultado de las propias prácticas de sus habitantes, no de un ambiente saturado con esa sustancia.

En lo que se asemeja bastante al largamente desacreditado (al menos entre científicos sociales) argumento de la ‘cultura de la pobreza’, lo dominantes dicen que los pobres y los dominados se envenenan con plomo debido a su comportamiento descuidado”. (Pág. 110-111)

“Es un catálogo magníficamente producido, a todo color, con varias fotos de María Rosa y de otros niños y niñas jugando en las hamacasen el patio de la escuela local, leyendo, sonriendo, siempre sonriendo.

En la tapa del catálogo se lee: ‘Lecciones aprendidas. Shell y la comunidad. Concurso de proyectos sociales 2003-2004’. La carta del presidente de Shell, Juan José Aranguren, que abre el catálogo, enfatiza las ‘políticas activas’ que la empresa implementa para fortalecer la relación entre la compañía y la comunidad en la que opera.

El catálogo luego describe y evalúa el programa ‘Creando Vínculos’ que incluye veinte ‘proyectos sociales’ parcialmente financiados por Shell. El principal objetivo del programa es ‘contribuir a mejorar la calidad de vida de niñas, niños y adolescentes que viven en situación de pobreza y exclusión en el Partido de Avellaneda’ (Pág. 7)” (Pág 114)

“En la página 14, el catálogo describe uno de los proyectos de los alumnos jugando en las coloridas hamacas del parque encabeza la página en la que se describe el proyecto ‘Abriendo Caminos’. Las actividades realizadas en esta iniciativa, se lee, fueron tres: ‘Construcción de la plaza lindera/aporte reja. Pintura del patio de la escuela. Arreglo de aulas e infraestructura en general’.

“La plaza está, en realidad, en el estado de abandono que se ve en la foto aquí incluida. No hay hamacas, el tobogán está roto y los otros juegos que aparecen en el catálogo tampoco están allí (ni siquiera el pequeño árbol). No estamos sugiriendo mala fe corporativa: no pensamos (y no tenemos evidencia alguna para sugerir semejante afirmación) que el catálogo haya sido un montaje para cubrir las condiciones reales en las que viven los niños, niñas y adultos del barrio. Mostramos las dos plazas diferentes –una para consumo del mundo de los negocios; la otra, la real, para uso (o falta de uso) por parte de los habitantes- porque, creemos, revelan una tendencia general en las acciones, palabras y (en este caso) imágenes que Shell produce y publica sobre el barrio y sus habitante.

Todos quienes estuvieron involucrados en la producción de este catálogo (desde los trabajadores sociales y maestras que participaron en la realización del programa en terreno, hasta el coordinador general de ‘Creando Vínculos’ y los fotógrafos y diseñadores que armaron el catálogo) pueden haber tenido las mejores intenciones: hacer el bien, mejorar las condiciones de vida de los pobres de Inflamable. No tenemos razón alguna para pensar que no fue así.

Sin embargo, un catálogo que distorsiona de tal manera las condiciones materiales de vida en la que los niños y niñas del lugar viven y juegan revela la negación de la que Shell (junto a varios otros actores institucionales) es parte. ¿Pueden significar otra cosa tantas fotos de Rosa, con sus elevados niveles de plomo en sangre, sonriendo y jugando (sin mención alguna sobre su frágil condición)? En un catálogo que enfatiza su preocupación por el “desarrollo sustentable”, ¿se puede ignorar de manera tan radical a los cuerpos envenenados?

“Shell admite la ‘pobreza y la exclusión’ (como repite el catálogo), pero niega sus aportes reales, materiales –sus hamacas rotas, sus suelos sucios, sus cuerpos contaminados y enfermos-.

Al ocultar las condiciones reales de vida, el catálogo revela la manera en que la empresa busca su legitimidad (denominada eufemísticamente como “responsabilidad social empresaria”) frente al sufrimiento masivo: un sufrimiento que es negado al mismo tiempo que es invocado”. (Pág. 115-116).”

Este libro marca de parte de Shell Capsa la misma conducta indiferente que la asumida con el abandono de personas que hizo con toda la población de Magdalena?

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