“El medio ambiente no le importa a nadie”
(Buenos Aires, Editorial Planeta, 2007), de Sergio Federovisky
Prólogo de Daniel Alberto Sabsay
¨ El Medio Ambiente no le importa a nadie ¨
Declaraciones Capitán del Estrella Pampeana
La importancia del libro en cuestión, radica en lo que a continuación se transcribe, del Capítulo IV, sub. capítulo “El Calvario de Magdalena¨, Págs. 106 y ssgtes a saber:
“…El 15 de enero de 1999 era un viernes apacible sobre el Río de la Plata. Casi no soplaba el viento y lo que se esparcía era un calor febril, en pleno verano porteño. Sobre el Estrella Pampeana, navegando a unos veinte kilómetros de la costa argentina, apenas al sur de la ciudad de La Plata, los veintiún tripulantes descansaban de las maniobras realizadas por la madrugada en la bahía de Samborombón.”
“Alrededor de las dos de la tarde, mareados por la reverberación del sol sobre el pavimento que parecería ser el río, comenzaron a ver acercarse un barco de bandera alemana, El Estrella Pampeana, propiedad de la empresa Shell CAPSA S.A. (la versión empresaria argentina de la multinacional petrolera holandesa), hacía flamear en su mástil una bandera de Liberia, país africano que naturalmente los tripulantes no solo no podían identificar en el mapa, sino que probablemente no supieran a que continente pertenecía. Pero la de Liberia se había convertido, en la Argentina desregulada de los noventa, en la bandera preferida por los armadores de barcos, incluso para quienes botaban naves que sólo harían trayectos de cabotaje, como el Estrella Pampeana. La bandera de conveniencia- así se denomina sin eufemismo alguno este método de remitir un barco a un país ignorado- representa una forma grosera de pensar sólo en los intereses del dueño del barco o del material que allí se transporta. La bandera de Liberia, o r Haití, o la de Madagascar, ajenas a cualquier patriotismo, convierten a la cubierta del barco que la porte en una suerte de embajada flotante, donde todo se tramita, establece y resuelve según las leyes del país al cual representa esa insignia. Así, desde un conflicto laboral hasta una demanda por malos tratos, llevaría al dueño del barco a defenderse o ampararse en leyes de Nigeria o Belice; puede presumirse, de la sola elección de esas banderas, que en esas naciones la protección a los más débiles no es justamente una de las características salientes.
Jesús Aguirre era el capitán del Estrella Pampeana. Tenía entonces cuarenta y seis años y desde los diecisiete vivía subido a un barco. Esa tarde ya contaba con más de un lustro trabajando para Shell, llevando y trayendo crudo desde y hacia distintos puertos del país. Un par de semanas antes se había embarcado hacia Río Cullen, en Tierra del Fuego, en el llamado viaje 82.¨ Es similar al viaje 81¨, pensó Aguirre cuando leyó el plan de carga: se trataba de crudo alijado de modo seguro, según la jerga que usaban los cargadores. Eso significaba que el crudo sólo iría en los tanques inferiores, dejando libres los tanques laterales, aquellos que naturalmente están más expuestos.
Sin embargo, estando en Río Cullen, Aguirre recibió una indicación de cambio de planes. Shell le ordenó que, camino a Dock Sud, se detuviera en Caleta Olivia y cargara 25.000 metros cúbicos adicionales, llevando el total a más de 37.000 metros cúbicos de crudo. Se llenaron entonces los tanques laterales 4 babor y 4 estribor, y el barco llevó así dos tipos de carga que, según escribió el propio Aguirre más tarde en su jerga marinera,¨ no respetaba la doble segregación¨. Estas condiciones, declaró posteriormente Aguirre, configuraron que el Estrella Pampeana, a partir de su escala en Caleta Olivia, dejara de tener una ¨ estiba segura¨. ¨Estábamos en condiciones de ¨estiba insegura¨, me dijo el capitán muchos años después mirando el horizonte desde la playa de Magdalena, como buscando el lugar en que perdió su virginidad náutica.
Nunca pensó, de todos modos, que la inseguridad de la estiba que portaba el barco de bandera liberiana que le tripulaba fuera la clave a las 14:35 del 15 de enero.
El Sea Paraná con una bandera alemana en la punta del mástil, salía de la zona llevando una carga de contenedores. Aguirre lo vio venir pero no imaginó que la derrota (la trayectoria, en el lenguaje marino) del barco “adversario” se transformaría en una amenaza. La tarde era diáfana y el río estaba planchado. De pronto Aguirre recibió una comunicación del capitán del barco de bandera alemana que estaba visualizando: se le había plantado el sistema y el buque había quedado fuera de control. Un minuto cuarenta pasó desde que Aguirre recibió el alerta hasta que se produjo el choque; menos de un par de minutos que alcanzaron para que la maniobra de evasión fuera infructuosa: el Sea Paraná, aún más grande y pesado que el Estrella Pampeana, abrió un tajo en el buque petrolero de Shell.
Uno de los tanques laterales se abrió como un fiambre tierno ante un cuchillo afilado, y en apenas seis minutos, el río se tiñó de negro: cinco millones de litros de crudo –menos del 20 por ciento de la carga- se derramaron como dulce de grosellas sobre una tostada. El primer pensamiento de Aguirre lo remitió a aquella estiba insegura: si no se hubieran cargado los tanques laterales en Caleta Olivia el derrame no se habría producido…” (Sic el subrayado nos pertenece).
En el último párrafo de la página 110, dice: “Shell, junto con la Prefectura, había destinado una defensa para ¨acompañar¨ la mancha de crudo en su salida a alta mar, cuando la sudestada le cambió los planes ¨Shell subestimó la situación¨, reconoció Aguirre en su declaración ante el tribunal marino que debía juzgar cuál de los dos capitanes de los barcos chocados había tenido la culpa o si había sido una colisión inevitable.¨.
En la página 111, último párrafo dice: “No había plan de contingencia, ni ninguna previsión en caso que pasara algo así¨, me dijo Aguirre en una mañana fría en Magdalena. El crudo es un material muy barato para las petroleras que lo encarecen a medida que lo refinan y lo convierten en combustibles comerciales (nafta, gasoil, kerosene). Por eso, en la ecuación de una petrolera es más barato perder una carga de crudo, tal como lo describió el propio Aguirre, que gastar en las medidas de prevención que hay que poner en marcha para evitar los daños ambientales, y que no son inversión sino gasto en la lógica de la compañía.¨.
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